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Jornadas de Bienestar Animal

El buen trato de los animales es una asignatura pendiente en muchos establecimientos de nuestro país. El efecto de un manejo correcto en la ganadería es un buen negocio por sí solo - más allá del bienestar animal -, ya que las pérdidas por machucones, o el estrés que determina aumento de cortes oscuros, son costos que de una u otra manera los termina pagando el productor, que podrían ser evitados a través de un manejo correcto de los animales.
Fue por ese motivo que en Setiembre de 2004 organizamos, junto a Pfizer Sanidad Animal, INAC, Frigorífico Tacuarembó y el Instituto Plan Agropecuario, una ambiciosa serie de jornadas prácticas con la participación especial del Dr. Marcos Giménez Zapiola, experto de reconocida trayectoria en el tema. La numerosa presencia de productores, técnicos y encargados rurales en las distintas jornadas que se hicieron en el Local Valentín, Estación San Antonio, Local Guaviyú de Arapey y La Magdalena Paso Farías, marca el interés que despierta el tema. Además de la parte práctica, se aprovechó la oportunidad para que el Ing. Robaina del INAC nos presente los resultados de la Auditoría de la carne. A continuación presentamos un trabajo publicado por el Dr. Giménez Zapiola en la Revista Argentina Márgenes Agropecuarios.

La etología aplicada a la ganadería (*)

La etología o ciencia del comportamiento animal ofrece un importante caudal de conocimientos, referidos a especies productoras de alimentos (bovinos, porcinos, aves) o ligadas al estilo de vida (caninos, equinos, animales silvestres). Su aplicación a la ganadería se centra en los sistemas intensivos de producción de carne o leche, así como al impacto del confinamiento, el transporte y el manejo previo a la faena sobre el rendimiento animal y la calidad del producto. El aprovechamiento de la etología en la producción ganadera constituye una ventaja competitiva que permite aumentar la eficiencia a bajo costo, como corresponde a una "tecnología de procesos" o capital intelectual

El comportamiento animal y la ganadería

Los siguientes son algunos conocimientos de aplicación general en la ganadería:

La etología en el tambo

Aplicada a la lechería, esta ciencia nos aporta conocimientos como los siguientes:

El impacto del manejo sobre la carne

También hay información referida al trabajo en corrales, el transporte y la faena:

El manejo animal sin estrés

El aprovechamiento más simple y efectivo de esta ciencia se da en el trabajo cotidiano con el ganado, donde el uso de criterios etológicos ayuda a minimizar el estrés de los animales, pues permite conocer y anticipar el comportamiento del ganado, y así controlar su movimiento sin necesidad de recurrir a la fuerza. Todo se reduce a dejar que el animal vaya, por su propio impulso, adonde se necesita que vaya.
El interés por el tema, en países de ganadería extensiva, es paralelo al avance del cruzamiento índico, que ha obligado a un esfuerzo por mejorar el manejo de los animales. Si bien la selección por temperamento termina por producir ganado tranquilo y gregario (como el Beefmaster o el Bonsmara), esto demora muchos años. Los resultados son mucho más rápidos cuando se selecciona por temperamento al personal, dejando de lado a quienes tengan "mala onda" con el ganado (agresivos, nerviosos o miedosos).

La naturaleza del bovino

El rasgo fundamental del vacuno, a los fines del manejo calmo, es su impulso de fuga. Los animales de fuga, como el bovino o el equino, tienden instintivamente a alejarse de las especies predadoras, como los perros, o dominantes, como los humanos. No hay bovinos de lucha, salvo que se los entrene u obligue a pelear.
La manada es la zona de seguridad del bovino, que tenderá a fugarse hacia ella. Por eso es más difícil trabajar al animal aislado. Dentro de la manada, sus miembros definen su posición y espacio sin necesidad de llegar al enfrentamiento. El orden se establece por amenazas sutiles mediante señales corporales, en una suerte de lucha simbólica, tras la cual los animales dominados ceden ante el dominante.
El entorno de los animales tiene un perímetro imaginario llamado zona de fuga, penetrada la cual los animales se alejarán de un extraño. Es una presión psicológica, no física, que se basa en que el intruso se mueva como un individuo dominante. Esta postura superior, que impulsa al vacuno a fugarse, no requiere un gran despliegue, sino saber presionarlo sobre ese perímetro o distancia de fuga. Si se sitúa más cerca del animal, el intruso entra en un área más pequeña, llamada zona de lucha, dentro de la cual la reacción no será de fuga sino de defensa. El tamaño de estas zonas varía, entre otros factores, según la raza, sexo, edad y las experiencias previas de los animales.

Errores comunes de manejo

El manejo estresante nace de la incapacidad de dominar al bovino sin entrar en un enfrentamiento directo. Esto genera un trato antagónico, basado en la presión física sobre el animal, que exige situarse muy cerca e incluso tomar contacto. Se trabaja en la zona de lucha del animal, donde éste enfrenta al agresor y rebota ante su presión.
El manejo del ganado a la fuerza insume más energía y acarrea más riesgos que si se lo domina con la inteligencia. Los animales aprenden rápidamente del maltrato, pero así como aprenden lo malo, pueden aprender lo bueno. Generalmente, no toma más de una sesión de trabajo establecer una relación armónica con los animales.
Hay muchos establecimientos que aplican un manejo sin estrés, desde los tiempos de Rosas o José Hernández, sin necesidad de haber estudiado etología. Lamentablemente, se basa en conocimientos prácticos que se van perdiendo con el paso de las generaciones y el avance de los medios físicos de control (corrales, picanas, camiones-jaula). Ya no es imprescindible ser baqueano para meter animales en la manga o llevarlos al matadero. La intensificación suele ir acompañada de un retroceso en la calidad del trabajo respecto de épocas pasadas. Paralelamente, aumenta el valor del capital ganadero puesto en manos de personal que no siempre está preparado adecuadamente para su tarea.

Diez consejos para un manejo calmo

El manejo del bovino como animal de fuga reduce drásticamente el maltrato y el estrés del ganado. Si bien no hay fórmulas universales, existen prácticas muy simples, que mejoran notablemente la calidad del trabajo, tanto para los animales como para las personas:

  1. Trabajar sin apuro (se termina más rápido).
  2. Trabajar en silencio (evitar los ruidos, gritos y sonidos agudos).
  3. Prescindir del personal agresivo o miedoso.
  4. No usar perros, salvo que estén entrenados para el trabajo con ganado.
  5. No agredir a los animales (no picanearlos ni azotarlos).
  6. No azuzarlos ni presionarlos físicamente.
  7. No apretar o aglomerar a los animales.
  8. Presionarlos desde lejos (y en lo posible, desde los costados).
  9. En corrales y bretes, trabajar de a pie o desde afuera.
  10. Circular en calma a los animales por las instalaciones antes de trabajarlos.

Estas prácticas se resumen en tres hábitos: darle tiempo al animal, darle espacio y darle una salida.

Conclusión

La aplicación de la etología permite mejorar los resultados de la empresa ganadera mediante el empleo de conocimientos científicos -libremente disponibles para el usuario- sobre la respuesta animal al manejo. Requiere un esfuerzo deliberado, desde la dirección hasta la ejecución del trabajo ganadero, pues hay que rediseñar los procesos de trabajo y vencer hábitos muy arraigados. Pero rinde frutos inmediatos y duraderos.

(*) Dr. Marcos Giménez Zapiola (011-4801-7944, marcosgz@hotmail.com)
Publicado en Márgenes Agropecuarios, Año XIV, No 163 (enero de 1999), pp.30-31.
Reproducido en Veterinaria Argentina, julio de 1999, y Hereford, octubre de 2000.

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